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TODO SOBRE EL DOLOR

Posted in Clínica Hontoria, by Mateo Pérez

Vamos a explicar todo lo relacionado con el dolor en este artículo. Desde por qué se produce hasta qué hacer para solucionarlo. El conocimiento es la mejor herramienta para depender de uno mismo y esa es nuestra manera de empoderaros. Entender qué es lo que está ocurriendo en tu organismo no debería ser una opción.

Lo primero que debemos aprender es que el dolor no está relacionado con daño. Podemos tener una lesión muy importante y no sentir dolor (como un surfero que es atacado por un tiburón) y podemos tener un dolor horrible y no tener en absoluto ninguna afectación en los tejidos. La cuestión es ¿por qué?

Si entendemos que el dolor no es más que un aviso del cuerpo al cerebro, se nos facilitan las cosas.  Cuando tienes sed no estás deshidratado, tu cuerpo te avisa antes para que no llegues a esa situación. Si te pica la pierna tu cuerpo te está avisando porque cree que hay un bicho o un parasito… pero a veces no hay nada. El dolor tiene la misma función, pero con el daño. Tu cuerpo te protege para que no haya daño. En ocasiones será para evitar un daño mayor al que hay, pero otras… no habrá nada más que ese aviso (como cuando te rascas y no hay nada). El cerebro prefiere pasarse de cauto y por eso nos rascamos y por eso no nos movemos cuando duele algo. En la época prehistórica sobrevivían más los prudentes que los que precipitados. Mejor salir corriendo cuando escuches un arbusto moverse que esperarte a confirmar si es un depredador o no. Mejor generar dolor antes de tiempo que esperar a que haya daño. 

Ahora podemos ver que nuestro dolor tiene una función que evolutivamente nos ha servido para sobrevivir. Nos ha protegido. La gente que carece de la sensibilidad al dolor, muere antes. Hemos tenido a lo largo de nuestra historia un cuerpo increíble que ha sido capaz de adaptarse a innumerables cambios radicales (temperaturas, depredadores, ecosistemas, alimentos…), pero debemos añadir a la ecuación de la supervivencia a nuestro cerebro, que ha sido el director de orquesta. Un director que ha priorizado siempre la supervivencia a todo y así sigue manejándonos. Nuestro cerebro solo entiende de supervivencia y, aunque hoy en día no ponemos en riesgo nuestra existencia diariamente, nuestro cerebro quiere verlo así.

Pero claro, esta sensación de dolor está condicionada por varios factores. Como todo en evolución, esto depende de las culturas y de la línea evolutiva. Hay culturas capaces de generarse lesiones a si mismos para certificarse como adultos (flagelaciones, crucifixiones…) y no refieren dolor. También depende de la edad y del sexo, claro. Pero lo más importante es que depende de las experiencias y creencias de cada uno. Si nunca has tenido ninguna herida, el día que veas una en tu cuerpo, tu cerebro pensará que es el final.  Podemos también ejemplificarlo con nosotros. Si un fisio tiene una lesión en la mano, es muy probable que le duela más que la misma lesión en el pie (al usar las manos diariamente y por la importancia que tienen para nosotros). Por eso mismo, si tienes un pensamiento más catastrofista, es más probable que te duela más. 

Estas pinceladas evolutivas nos muestran la explicación más simple de por qué nos duelen las cosas. Vamos a diferenciar ahora entre los diferentes tipos de dolores que podemos tener (porque cada dolor tiene una manera de abordarlo).

Antes de nada, tenemos que tener claro que somos química pura. Todo esto tiene explicaciones fisiológicas más profundas que podéis indagar en nuestras recomendaciones sobre este tema. Y esto también supone que todo dolor es real, a pesar de no existir una razón aparente. Pacientes con dolores crónicos múltiples y de tendencia depresiva, sienten dolor real (no son quejicas) y las depresiones o apatías pueden ser una consecuencia de ello. 

 

Nosotros diferenciamos (de manera simplista) entre un dolor agudo (aquel que se resuelve en los tiempos normales) y un dolor crónico (aquel que perdura en el tiempo sin razón aparente). A grandes rasgos, podríamos decir que el dolor agudo es bueno, con el aprendemos, nos adaptamos y nos protege de un problema mayor. El dolor crónico, normalmente, nos limita y nos sobreprotege (sin necesidad). 

Por todo esto, la cura de todo dolor empieza en saber qué nos dice el propio dolor. ¿es por una falta de adaptación? ¿Es por una debilidad/lesión del tejido? ¿Es por una creencia o experiencia que intensifica la señal de peligro? ¿Es por un exceso del proceso inflamatorio y por ende un exceso de señalización dolorosa? La solución después siempre irá encaminada en quitar el miedo a la estructura, ya sea fortaleciendo, adaptando el movimiento, regulando la carga o liberando las restricciones. 

Es chulo saber que el dolor implica muchas cosas. El dolor tiene una función evolutiva, ya lo hemos visto, nos ayuda a sobrevivir y por eso tiene respuestas a nivel emocional, fisiológico y conductual. Es fácil ver como cuando tenemos dolor estamos más cansados, apáticos y los pensamientos cambian. Un deportista de elite (aunque esté acostumbrado a competir con dolor) reduce su rendimiento cuando padece dolor. La concentración a nivel académico o laboral se reduce cuando tenemos dolor. Pero esto ocurre cuando no hemos atendido la señal como deberíamos. Si estamos sentados mucho tiempo en el trabajo y comienza un dolor de espalda, seguramente sea una petición de movimiento por parte de esta, para que exista un bombeo de sangre por toda la espalda y se libere de la carga mantenida. Si la deportista de elite entrena con dolor, posiblemente esté sobrepasando su limite de carga y deba reducirlo. Cada dolor tiene un mensaje, no implica gravedad, implica atención. Si un niño llora no se está muriendo, quiere atención (y a veces es puro capricho…). 

Normalmente el dolor agudo no tiene problemas de comprensión. Se resuelve a medida que la inflamación y el tejido mejora (o se adapta). El dolor crónico es una epidemia. No se entiende. Se buscan causantes cuando no los hay. Como explica maravillosamente el doctor Goicoechea en su libro “Sapiens (ma non troppo)”, han saltado las alarmas de una casa, pero no han robado, ha sido una falsa alarma, pero ha sonado. Nuestro enfoque para este tipo de dolores reside en la educación. Hacer entender el proceso en el que se encuentra el cuerpo. Aprender a ayudar a los tejidos a adaptarse. El mayor problema del dolor crónico es la sensibilidad que genera. Si el dolor persiste mucho tiempo, la zona se hace mas sensible, lo que aumenta los pensamiento y creencias de peligro, la búsqueda de profesionales que den con una etiqueta adecuada. El dolor crónico y la búsqueda de etiquetas es un problema sanitario. Un diagnostico que no explica lo que está ocurriendo con exactitud no es útil, es una etiqueta. La fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica, las piernas inquietas, las cefaleas, las trocanteritis y un largo etcétera son etiquetas.

 

Si quieres saber más sobre el dolor, sus factores y sus enfoques, ¡consúltanos! Pero, si quieres aprender por ti mismo y explorar los conocimientos de otros profesionales, aquí os dejamos nuestras recomendaciones. 

  • Los autores David Butler y Lorimer Moseley y su apasionante libro “explicando el dolor”.

  • El gran neurólogo Arturo Goicoechea. Sus libros (todos, pero especialmente el ya mencionado en este articulo) y su podcast “desfragilizando”. Tiene también una pagina web y un blog con su nombre.

  • El blog y podcast de fitness revolucionario (Marcos Vázquez) que tiene las herramientas necesarias para combatir estos dolores. Su libro “invicto” es una gran solución a nivel emocional cuando se padecen dolores aun no resueltos.

Estos autores tienen menciones para aburrir en sus trabajos, así que para ser más selectivos y eficientes en las recomendaciones (más no es mejor), preferimos que indaguéis vosotros mismos en sus enseñanzas y referencias.